lunes, 5 de octubre de 2009



LOS NIÑOS Y LAS COMETAS.
Estamos en Primavera; es el tiempo de las cometas.

¿A qué niño no le gusta remontar una ¿ ; a todos, salvo si no las conoce.
Los que viven en ciudades y pueblos del interior, son los que más disfrutan de ellas. En Primavera es la época para hacerlo por el viento que sopla.
Es hermoso verlas suspendidas en el aire, allá arriba, con distintas formas y colores.
Los niños más pequeños, los que recién se inician en el arte de remontarlas, generalmente son ayudados por sus padres, hermanos mayores o amigos que las saben manejar.
Esta abuela fue una gran confeccionadora de cometas cuando era niña.
Me las enseñó a hacer una amiguita que yo tenía, algunos años mayor.
Empecé haciendo las “tijeretas”, que se confeccionaban con papel de “estraza”(era un papel que se usaban en las almacenes para envolver, el azúcar, yerba, fideos etc., ya que no había como ahora alimentos envasados). Los ovillos de lana de su mamá era el piolín que usábamos para remontarlas. Como eran tan livianas, se elevaban con facilidad y la lana resistía.
Luego me enseñó a confeccionar las de armazón de caña. ¡Eso sí era un arte hacerlas!. Me llevó tiempo aprender, primero fueron las de un solo color, hechas con un papel especial para ello, hasta ahora llamado “papel cometa”. Luego las quise de dos colores y con distintas formas. ¡qué placer cuando las veía elevarse en el aire con su larga cola hecha de retazos de tela!.
En verdad, confeccionar una cometa en aquellos tiempos era un ritual donde nos juntábamos niñas y niños para ayudarnos unos a otros en su confección.
Teníamos que cortar palitos de caña para su armazón, hacer engrudo para pegar el papel, tener el devano de piolín que era muy resistente, la cola , que eran pedazos de tela anudadas y, ¡la tijera!, ya que sin ella era imposible hacer nada, y las madres muchas veces se negaban a prestarlas por temor a que se las perdiéramos.
Cuando nos juntábamos varios niños, se competía para ver quien la remontaba más alto. ¡Era hermoso verlas con los flecos que las bordeábamos moviéndose graciosamente!
¡Lo grave era cuando la cometa comenzaba a “colear” por no tener suficiente cola y se venía a tierra y … caía en cualquier lugar!. Desde enredarse en un árbol o darse contra el suelo, con el riesgo de perder la forma si no estaba bien hecha, con la consiguiente rotura del papel que era
muy frágil. Otra cosa que podía pasar, era que simplemente se escapara el devano de las manos y tener que verla como caía a veces lejos, todo dependía de la altura en que estaba.
Había muchas razones para que el remontar cometas fuera emocionante y divertido a la vez.
Lo otro que acostumbrábamos hacer para competir, era poniéndole lo que llamábamos “telegramas”, que consistía en recortar un trozo de papel, se agujereaba en el centro, se hacía pasar por el piolín y mirar con que velocidad llegaba hasta la cometa de cada uno.
Todo era motivo de sana diversión y de un encuentro entre padres e hijos o entre amigos en los ventosos y soleados días de Primavera.
En esta época son pocos los niños que lo hacen, atrapados por la T.V. y las computadoras. Yo les digo que no dejen de jugar, de ser niños.
El jugar con los amigos les enriquece la vida y sus recuerdos serán tesoros que guardarán en el corazón. Todo ese tiempo compartido con otros, las risas, también las discusiones, corridas, el saber perder y ganar, los hará valorar esa parte de la vida que es muy corta frente a los largos años que viven después. Van a tener amigos/as, muy queridos que luego que dejen la escuela, tomarán otros caminos y es muy importante que queden para siempre en sus corazones.
No dejen de jugar, es muy corta la etapa de la niñez; la vida luego los va a llenar de responsabilidades y, el recordar los lindos momentos vividos con los ellos/as lo ayudará en la vida.
Jueguen … jueguen … jueguen, luego de cumplir con los deberes de la escuela y de ayudar a sus padres, si es que les han asignado alguna tarea dentro del hogar.

Un abrazo para todos y cada uno.
Abuela Hortelia-

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